Videoclubs: un imperio en extinción

  •     La industria del alquiler de vídeos ha caído en Madrid más de un 90% desde 2006
  •     Con el cierre de Megaupload hubo un crecimiento del 35% de los ingresos



Escrito por: Daniel Somolinos


«La ilusión de los clientes al entrar en la tienda y pasar largos ratos debatiendo entre qué película escoger ha desaparecido en pro de la cotidianidad y la facilidad de conseguir el material en internet». Luis, dueño del videoclub Claqueta Toma 21, ha decidido poner fin a 15 años regentando su negocio tras no poder afrontar los gastos que supone mantener viva la llama del cine.

Hasta la tienda se acercaban curiosos y buscagangas que se aglutinaban en los pasillos rebuscando entre las estanterías los pocos DVD y bluerays que quedaban en sus estantes. No era para menos. Hasta el 30 de julio Claqueta Toma 21 estará abierto al público, en liquidación, ofreciendo sus últimos filmes y recuerdos a dos euros la unidad.

En la actualidad quedan menos de 30 videoclubs en la capital. Desde la Asociación de Empresas de Vídeo (AEVIDEO) aseguran que el ocaso de este sector se ve reflejado en un descenso de más del 90% desde 2006. Para José Luis Carrera, presidente de esta sociedad, es triste que esta situación suceda únicamente en España y no en otros países como los nórdicos o Alemania donde la caída sólo roza el 15%.

«En el norte de Europa la piratería es muy residual, la policía actúa», se queja Carrera, que no ha visto intención por parte del gobierno español de cambiar las cosas. «Esto es irracional, una absoluta vergüenza. Teníamos negocios que funcionaban bien y generaban empleo», recuerda el presidente, que siente rabia e impotencia al ver cómo han aplicado a esta industria la gota china: un martirio lento y progresivo que parece no acabar nunca.

Pese a ello, el dirigente se muestra optimista y cree que si se toman las medidas necesarias la industria logrará ver luz al final del tunel: «Con el cierre de Megaupload, principal web de alojamiento de archivos, hubo un crecimiento del 35% en los ingresos de los videoclubs». Por el contrario, si no se corta el grifo de la piratería, para Carrera la sangría que se producirá será tan grande que no tendrá sentido seguir manteniendo un videoclub.
'Poner de tu bolsillo'

Cuenta de ello da Encarni, dueña de Cinema Paraíso. Administra este negocio familiar que lleva en pie 14 años, los últimos muy duros, tambaleándose como un púgil a punto de caer a la lona: «Hay más días buenos que malos. Es raro el mes que no tienes que poner de tu bolsillo». Tanto para Cinema Paraíso como para la mayoría de establecimientos de alquiler de vídeos la manera de alcanzar la rentabilidad, o al menos poder cubrir sus pérdidas, consiste en ampliar la gama de servicios que ofrecer al cliente. «Cada año hay una nueva bajada por lo que hemos optado por reparar consolas, pulir discos, vender chucherías, incluso firmar un acuerdo de distribución con la ONCE para vender cupones», relata Encarni, cada vez más convencida de que de esto no se puede vivir.

«Hoy en día el alquiler de películas representa sólo el 30% de los ingresos»

«En España la piratería es lo más normal del mundo, no les parece que están haciendo nada ilegal. Hasta en algunos colegios ponen a los alumnos películas de estreno que aún no están ni en alquiler... Inculcar estos valores a los estudiantes es la tumba del videoclub», explica la propietaria.

Para Encarni, el punto de inflexión del descenso de afluencia a los negocios de alquiler de vídeos fue el cierre de la cadena estadounidense Blockbuster. «Ellos se mueven por rendimientos, las empresas pequeñas como la mía reducen gastos todo lo que pueden e intentan llegar lo más lejos posible».

Blockbuster generó en 2004 unas pérdidas de 5,5 millones de euros, un 65% más que en 2003. La compañía achacó estos malos resultados a la piratería ya que, según un estudio que realizaron, en España se copiaron 70 millones de películas ese año. En 2005, la facturación descendió otro 25% por lo que en 2006 terminaron cerrando todas sus sucursales en nuestro país.

«No pierdo la esperanza, aunque a veces pienso que soy demasiado positiva», confiesa la dueña de Cinema Paraíso, para quien sus números, al igual que la empresa americana, siempre son menores que el año anterior. Los balances y las sensaciones de Rafael no son mucho mejores. Gestiona uno de los videoclubs más veteranos de la capital, Vídeo Roldán, creado en los años 80. Empezó alquilando 15 películas y de ahí han llegado a erigir una gran colección de cintas de todos los géneros.
Los complementos, un 50% de ingresos

«A partir de 2009 es cuando más se notó la crisis, hoy en día el alquiler de filmes representa únicamente el 30% de nuestros beneficios», declara Rafael, rememorando días ya extintos en los que había personas que alquilaban películas todas las días. Al igual que Encarni, ratifica que en la actualidad es muy complicado vivir sólo de vídeos, por ello también ofrece prestaciones extra como la reparación de ordenadores: «Estos servicios complementarios constituyen el 50% de nuestros ingresos».

Para el dueño de Vídeo Roldán la solución de esta tesitura pasa por modificar algunas «peculiaridades ilógicas» que tiene el mercado. «Cuando se estrena en el cine un largometraje tienen que pasar cuatro meses para poder exhibirlo en el videoclub», detalla Rafael, poniendo como ejemplo películas que sólo están una o dos semanas en cartelera: «Con esto se consigue que durante tres meses y medio las personas no pueden acceder a ellas y recurren a internet».

El responsable también culpa a la crisis de esta coyuntura, comparando el sector con una pirámide que se ha ido derrumbando desde la cúspide hasta sus cimientos: «Los precios hacen que la gente que iba al cine ahora vaya a videoclubs, y los que iban a los videoclubs ahora usen internet».

El grado de impotencia de Encarni y Rafael se contrapone con la complacencia de Ángel, dueño de dos videoclubs en el centro de Madrid: Ficciones Malasaña. Con más de 15.000 títulos se muestra esperanzado pero cauto: «No ganamos mucho, pero el dinero que conseguimos lo usamos para mejorar el género y abrir otra tienda».

Ángel, ilusionado al ver cómo la gente cada vez es más consciente de que no se puede obtener de manera gratuita la misma calidad ni trato que en una tienda, afirma que la irrupción de buenos aparatos de proyección con grandes equipos de sonido atraerá a más personas a los videoclubs para ver el cine en óptimas condiciones.

Pero el propietario de Ficciones Malasaña también se muestra crítico con el sistema: «Existen muchas cosas incoherentes. Se deberían prohibir que algunas bibliotecas ofrezcan películas de estreno gratis tan sólo un mes más tarde de que lleguen a los videoclubs». Avala que que los gobiernos, sin importar de que partido sean, han colocado trabas para desangrar el sector: «Aguantar es muy difícil, un acto heroico. Las heroicidades se pueden mantener durante un tiempo, pero no duran para siempre».

Fuente: elmundo.es